La gestión 2022 presentó nuevos desafíos y riesgos emergentes del contexto internacional a raíz del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania. La economía mundial mostró signos de recuperación después de los efectos negativos de la pandemia del COVID-19. Sin embargo, como consecuencia de las tensiones geopolíticas y la reconfiguración de espacios de poder a nivel global, se generó una elevada inflación, principalmente en los precios de la energía, insumos agropecuarios y costos de transporte. Los bancos centrales adoptaron medidas ortodoxas de aumentos continuos de tasas de interés para frenar la inflación, lo que derivó en la represión de la demanda interna de las economías y la ralentización del crecimiento económico mundial.
La inflación en 2022 ha sido el principal foco de discusión a nivel global debido a los altos precios de los combustibles y alimentos que generaron incrementos en los costos de producción y una disminución del poder adquisitivo en la mayoría de los países. Sin embargo, la economía boliviana mantuvo una inflación controlada y estable de 3,1%, constituyéndose en la más baja de la región y una de las menores en el mundo. Para alcanzar esta remarcable estabilidad de precios, fueron importantes las acciones del gobierno nacional para aminorar las presiones sobre los precios mediante el apoyo y fortalecimiento al sector productivo, principalmente al sector agropecuario, con el fin de proteger el bienestar de la población más vulnerable.
En este contexto, la economía boliviana continuó con un crecimiento estable del 3,5% en 2022; el crecimiento del PIB acumulado hasta septiembre de 2022 fue de 4,3%, pero los paros suscitados en el departamento de Santa Cruz entre los meses de octubre y noviembre ralentizaron la actividad económica agregada en el último trimestre. El buen desempeño macroeconómico se debió a las medidas implementadas en el marco del Modelo Económico Social Comunitario Productivo (MESCP), que prioriza el mercado interno, potencia la inversión pública y fortalece la redistribución de los ingresos en beneficio de la población más vulnerable, demostrando una vez más la solidez del modelo en contextos difíciles.
El comercio exterior de Bolivia registró un récord histórico de exportaciones alcanzando los $us 13.671 millones, teniendo al sector manufacturero con la mayor participación. Las importaciones totalizaron $us 13.044 millones, concentradas en bienes de capital, materias primas e insumos para la producción. El resultado fue un superávit comercial por segundo año consecutivo, a pesar del contexto internacional desfavorable.
En cuanto al sistema financiero, este demostró fortaleza y adaptabilidad ante los embates internos y externos, solidez que se reflejó en el dinamismo de los ahorros como de la cartera financiera. Los indicadores financieros dieron cuenta de esta situación, debido a que las utilidades de las entidades de intermediación financiera registraron un crecimiento del 24,4% respecto a la gestión anterior, los índices de bolivianización continuaron altos, la solvencia se mantuvo por encima de lo requerido por la ley de Servicios Financieros, la liquidez fue óptima y suficiente contribuyendo al incremento de la cartera, y la tasa de mora se mantuvo baja y controlada.
Asimismo, se aceleró la reducción del déficit fiscal y el déficit corriente alcanzó el equilibrio. El déficit fiscal global se situó en 7,1%, cifra menor al proyectado en el Programa Fiscal Financiero 2022, y el déficit corriente prácticamente reflejó un equilibrio entre ingresos y gastos, demostrando una administración de las finanzas públicas responsable. La política fiscal siguió priorizando recursos para la inversión pública, motor importante del crecimiento económico y situó a Bolivia como el país Sudamericano con la segunda mayor inversión pública respecto al PIB. Los principales sectores priorizados fueron el productivo e infraestructura, logrando así avances significativos en el proceso de industrialización del país con la sustitución de importaciones.
Todo lo anterior adquiere relevancia considerando los avances sociales, donde se destaca un notable progreso en la reducción de la pobreza, hecho reconocido por organismos internacionales. La tasa de desocupación se situó en 4,3% al final del período, siendo la más baja de la región por segundo año consecutivo. El aumento del 4,0% en el Salario Mínimo Nacional y 3% en el haber básico mejoraron los ingresos de los trabajadores. Asimismo, se continuó con la política de redistribución del ingreso a través de transferencias condicionadas en efectivo, como el Bono Juancito Pinto, Renta Dignidad y Bono Juana Azurduy, las cuales beneficiaron a más de 3,6 millones de personas.
Por último, es importante destacar que, aunque la reconstrucción de la economía nacional continúa, la economía mundial sigue enfrentando desafíos y riesgos. Por esta razón, es fundamental seguir monitoreando la situación de las cifras económicas para poder adoptar políticas adecuadas que aseguren una recuperación sostenible y equitativa. En este sentido, se pone a disposición del público en general la presente edición de la Memoria de la Economía Boliviana, la cual proporciona una síntesis del contexto y los resultados más significativos en términos económicos para Bolivia durante el año 2022. La misma, se constituye en un medio de transparencia de la información económica y de las finanzas públicas.