Memoria de la Economía Boliviana 2024

MEB2024
Presentación

En 2024, la economía boliviana enfrentó contextos adversos a nivel externo e interno, sin embargo, mantuvo resiliencia. En el frente externo, la economía mundial continuó con una coyuntura compleja, caracterizada por elevados niveles de incertidumbre debido a tensiones geopolíticas, lo que generó volatilidad en los precios de los commodities y limitó una mayor recuperación del comercio internacional.

La actividad económica mundial se expandió un 3,3%, cifra que refleja una desaceleración con respecto a la gestión 2023. En relación a los precios, si bien la inflación global disminuyó su ritmo de avance, este indicador continúa por encima de los niveles objetivo de las autoridades monetarias. En este marco, los bancos centrales realizaron recortes cautos de sus tasas de interés, lo que mantuvo los costos de endeudamiento por encima de lo registrado antes del inicio de la crisis inflacionaria en 2021, así se contuvo una expansión más vigorosa de la demanda interna de las economías.

En lo interno, el panorama fue más desafiante. La paralización de los créditos externos en la Asamblea Legislativa Plurinacional de más de $us1.300 millones, afectó aún más a la economía nacional porque se limitó la disponibilidad de divisas con un impacto en la importación de combustible y también en la dotación de moneda extranjera al sistema financiero. A esta situación, se sumó el bloqueo de carreteras por 40 días, que generó una pérdida de más de $us3.000 millones. También el país sufrió los efectos negativos del cambio climático con efectos en la producción y la presión sobre el nivel de precios.

El menor ingreso de divisas por la caída en la producción hidrocarburífera pudo ser afrontada con el normal flujo de divisas provenientes de crédito externo, en tanto el proceso de industrialización con sustitución de importaciones se implementaba y el sector hidocarburífero se recuperaba por las inversiones que se realizan desde 2021; sin embargo, cálculos políticos cerraron ese acceso, afectando a la economía nacional y, principalmente, a los hogares.

Desde el gobierno nacional se realizaron esfuerzos para garantizar la provisión de alimentos y combustibles, estabilizar precios y continuar con el proceso de industrialización, a través de diferentes medidas como la reducción de aranceles para la importación de bienes de capital, insumos y alimentos; la creación de fondos para la otorgación de créditos a diferentes sectores estratégicos; la militarización de fronteras; además de acciones contra la especulación; entre otros.

Al tercer trimestre de 2024, en un contexto complejo, la economía boliviana registró un crecimiento del 2,1% sustentado en la resiliencia de sectores estratégicos como el financiero, el agropecuario y el manufacturero; no obstante, se prevé un ajuste en el crecimiento al cierre de gestión debido a los efectos negativos en la producción por el bloqueo de carreteras durante el último trimestre. En el área de precios, los elementos señalados previamente sumados a dinámicas especulativas contribuyeron a que la inflación cierre en 9,97%.

En el ámbito fiscal, resalta la reducción del déficit fiscal a 10,1% del PIB; 0,8 puntos porcentuales menos respecto a 2023. Gran parte de este déficit responde al esfuerzo en la subvención a combustibles y alimentos, así como a la inversión pública, misma que se destinó principalmente a infraestructura, sectores productivos y el fortalecimiento en el ámbito social. A pesar de la restricción al financiamiento externo, que dinamizó el financiamiento interno, se alcanzó una ejecución de inversión pública destacable, posicionando a Bolivia como uno de los países con mayor inversión en la región.

El sistema financiero continuó sólido frente a escenarios especulativos y de incertidumbre, que se reflejó en el crecimiento de los depósitos y de la cartera en 5,2% y 4,0%, respectivamente, el incremento de sus utilidades en 26,5%, niveles de mora por debajo del promedio regional e indicadores de solvencia por encima de los niveles requeridos. Asimismo, la bolivianización continuó avanzando, alcanzando al 99,5% de los créditos y 91,5% de los depósitos.

Con respecto a los resultados sociales, Bolivia mantuvo una tasa de desocupación urbana de 3,3%, la más baja de la región sudamericana, aunque enfrenta desafíos en el empleo informal. Asimismo, se continuó con la inversión en programas sociales beneficiando a más de 3,7 millones de personas, con transferencias condicionadas en efectivo a través del Bono Juana Azurduy, Renta Dignidad y el Bono Juancito Pinto.

Este contexto desafiante, descrito de manera resumida en párrafos anteriores, se refleja en la Memoria de la Economía Boliviana 2024 documento que año tras año, desde 2006, presenta el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, con información detallada e indicadores de los diferentes sectores económicos, así como las acciones que el gobierno nacional llevó adelante para afrontar el adverso contexto externo e interno.

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