Memoria de la Economía Boliviana 2011

    Memoria de la Economía Boliviana 2011

 

PRESENTACIÓN

La Bolivia de hoy tiene una economía de otras dimensiones, así lo evidencia el crecimiento del PIB que ha pasado de $us 9.500 millones en 2005 a $us 24.250 millones en 2011, hecho que supone una transformación que ni la mejor época del proceso de la capitalización logró obtener en tan corto tiempo.

Entre 2005 y 2011, el consumo de servicios básicos como electricidad, agua y gas por parte de los hogares bolivianos ha crecido en 43 %, la extrema pobreza en el sector rural se ha reducido en más de 19 puntos porcentuales, la tasa de desempleo ha caído de 8,1% a 5,5%, se ha triplicado el ahorro nacional y el ahorro de los hogares de ingresos medios y bajos. Estas son prueba irrefutables de que esta transformación ha llegado al bolsillo de la población, del ciudadano de a pie y que la economía goza de buena salud, a la par que redistribuye los ingresos.

En menos de tres años el nuevo modelo económico ha rendido más que satisfactoriamente dos pruebas consecutivas, la crisis financiera internacional de 2008-2009, y la crisis macroeconómica fiscal a gran escala de la economía mundial en 2011. Basado en el potenciamiento del mercado interno, la redistribución de ingresos, una gestión de las finanzas públicas responsable con el país, un sistema financiero sólido y la aplicación de medidas económicas que incrementaron el ingreso nacional.

El Gobierno Nacional desarrolló a una política económica enfocada en potenciar la demanda interna y la economía popular, en oposición a las políticas neoliberales que se aplicaron en Bolivia en el período 1986 – 2005 que apostaron todo al frente externo bajo la premisa de “exportar o morir”.

Cuando la economía boliviana sufrió los embates de la crisis cambiaria y fiscal en Brasil -a fines de 1999- que se prolongó en un período recesivo y de desaceleración económica, se ratifica el fracaso del modelo de la capitalización. En efecto, la aplicación de medidas contractivas y posteriormente de las llamadas reformas de ajuste estructural, se tradujeron en un alto desempleo, en niveles de pobreza alarmantes, en una mayor desigualdad en la distribución del ingreso y por supuesto, en un debilitamiento de la demanda interna y una mayor vulnerabilidad de la economía boliviana ante shocks externos.

En síntesis, el modelo neoliberal no pudo brindar respuestas adecuadas a los problemas de la población que por más de 15 años había esperado una mejora sustancial en su nivel de vida

Hoy, el nuevo modelo económico aplicado en Bolivia, es la respuesta genuina que los propios bolivianos hemos diseñado para reorientar la vida económica en el país y hacer frente a las cinco crisis del capitalismo, la crisis energética, climática, alimentaria, financiera, y macroeconómica internacional. Este modelo nos ha permitido ser por primera vez en nuestra historia la economía de la región con mayor crecimiento en 2009, durante la crisis financiera internacional más grande desde la gran depresión de los años 30 del siglo pasado, y también sortear el 2011 los efectos de la desaceleración, las tensiones financieras y la debacle fiscal de las economías más avanzadas del mundo.

En efecto, 2011 fue un año muy importante en la consecución de logros, tanto en el plano macroeconómico como microeconómico. Bolivia no sintió los efectos de la crisis internacional, aún irresuelta en los grandes países capitalistas, por el contrario, prosiguió con la trayectoria de crecimiento sostenido y ascendente, resultado del dinamismo de la demanda interna –motor activado con el nuevo modelo económico– y de la orientación de la política económica en general.

El segundo aspecto a destacar del año 2011 es el control de la inflación. En un escenario en el que la economía soportó duras presiones inflacionarias, especialmente en el precio de los alimentos en los primeros meses del año, como también la reprochable conducta de exacerbar las expectativas de la
población por parte de algunos políticos que actuaban como opinadores, y de ciertos opinadores que actuaban como políticos, con la más amplia cobertura mediática, utilizando como bandera la medida de la nivelación de precios de los hidrocarburos, no obstante, la inflación registrada estuvo dentro de los límites previstos.

El control exitoso de la inflación fue posible a partir de la aplicación, por parte del Gobierno Nacional, de un conjunto de políticas integrales y coherentes, tales como la provisión de alimentos en mercados locales a través de la Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos (EMAPA), la importación gubernamental directa de alimentos, las medidas de diferimiento arancelario y regulación de exportaciones, las políticas monetarias, cambiarias y la política de austeridad fiscal, que junto al descenso de precios internacionales, permitieron terminar el año con una tasa de inflación de 6,9%, menor a la de 2010 y muy por debajo de vaticinios de analistas que auguraban tasas superiores a 15%.

El fomento al desarrollo productivo se constituyó en un tercer elemento de relevancia. A este respecto deben destacarse, en primer lugar, los créditos del Banco de Desarrollo Productivo (BDP), especialmente los destinados a cañeros y productores de quinua, las garantías del Fondo Propyme Unión y del BDP; y en segundo lugar, la consolidación de la política de fomento productivo que se vio materializada en la aprobación de la Ley de Revolución Productiva que contempla la participación del Estado como productor de alimentos a gran escala, el seguro agrícola, la creación de empresas de fertilizantes y semillas, entre otros. Inicialmente, en el marco de la norma, se aprobó el diferimiento arancelario para la importación de insumos agrícolas. A los avances en el sector productivo también contribuyó nuevamente el rol otorgado a las reservas internacionales para apoyo
a empresas estratégicas.

En línea con el objetivo del nuevo modelo que garantiza el bienestar de las bolivianas y bolivianos, las políticas de redistribución del ingreso continuaron llevándose a cabo en 2011 y se profundizaron a través de las transferencias en efectivo, la reglamentación de la nueva ley de pensiones, programas sociales, y otras medidas complementarias que permitieron el fuerte descenso de los niveles de pobreza, especialmente en el área rural, y consiguientemente en la mejora del bienestar de la población que se reflejó por ejemplo en un mayor consumo de servicios básicos.

Estos y otros logros, así como las perspectivas de la economía para el 2012 son desarrollados ampliamente en la Memoria de la Economía Boliviana 2011, documento que por sexto año consecutivo ofrecemos a la población, como constancia de las grandes transformaciones que vive
nuestro país en este proceso de cambio.

Invito al lector muy cordialmente a explorar con detenimiento los resultados que el nuevo modelo económico dejó el año 2011 para la economía boliviana.

 

Luis Alberto Arce Catacora
MINISTRO DE ECONOMÍA Y FINANZAS PÚBLICAS

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